Antonio Morales /
Perdonen la insistencia, pero tengo que volver a decirles que no van bien las cosas para la democracia. Mientras la generalidad de la ciudadanía no deja de empobrecerse y se ve abocada al sufrimiento, a la inseguridad, la desconfianza y el miedo, la crisis, las crisis, (política, económica e institucional), alentadas por la corrupción, la mentira y la incapacidad para resolver los problemas, no dejan de aumentar cada día generando una situación de repulsa y cabreo en la mayoría de la sociedad y un peligro de fractura social de dramáticas consecuencias. Y va cada vez a más. El último barómetro del CIS nos revela un rechazo frontal de los españoles hacia la política y los políticos. Hace unas semanas la Comisión Europea elaboró un informe interno en el que advierte del riesgo para la política española de los escándalos que se suceden unos tras otros, lo que podría llevar a los ciudadanos a una desconexión absoluta.
Y no es para menos. La Monarquía no deja de hacer aguas y ya ni el CIS la pone como objeto de sus encuestas, para que no nos enteremos del rechazo ciudadano. A la falta de transparencia de sus cuentas y los negocios del Rey, se han venido sumando en los últimos meses los escándalos de la caza de elefantes, líos de falda, hijos que reclaman su paternidad sin que puedan cotejar el ADN real -porque no somos iguales ante la Ley, aunque algunos se empeñen en hacerlo creer- regalos cuestionables, contratos suculentos en multinacionales españolas o entidades bancarias para hija y yerno, amistades peligrosas…Y el culebrón de Urdangarín, que cerca cada vez más a la Corona y que muestra la resistencia de jueces y fiscales a tratar a todo el mundo de manera equitativa e imputar por tanto a la infanta.
Fuente: triangulodigital.es

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